prensa HISTORIES de M.ME LAMORT

Me habían hablado muy bien del mismo y tenía ganas de ver su trabajo, consistente en dos obras cortas de media hora cada una: “El Blues de los Tarots” y “Historias de Mme Lamort”. Y la verdad es que las encontré muy interesantes, mostrando que en efecto Andrea Lorenzetti es un titiritero dotado de una potencialidad extraordinaria, con un dominio excelente del tiempo, de la manipulación y de la voz.

Con la excusa de cinco cartas del Tarot (el Mago, el Enamorado, el Diablo, el Loco y la Muerte), una historia truculenta de amores, traiciones, engaños, drogas y muerte se va desgranando al ritmo de un blues cuyos temas parten de cada una de las cartas del Tarot escogidas. Con títeres oscuros, deformados y asimétricos, Andrea Lorenzetti crea un lenguaje descarnado que parece buscar el más desgarrado esperpento valle-inclanesco. Se trata de una obra que encuentra sus mejores resonancias en públicos cómplices y tabernarios a ser posibles, un poco a la manera del Makoki de Pepe Otal -cuya influencia en Andrea es palpable. Puede decirse que en El Colmado encontró el italiano a un público de taberna cultural joven y nocturna, muy fumadora y hambrienta de cachiporra, ideal para que el titiritero se abandonase a la lujuria del humor negro y barriobajero, bien situados como estábamos en pleno Barrio Chino de Barcelona.

La segunda obra, que tenía a los personajes de Madame Lamort y al Diablo como protagonistas, despuntó por su extraordinario humor socarrón y por un juego escénico muy conciso y milimetrado. Ver a estos dos personajes juntos y acaramelados en la cama, besándose y declarándose su amor cual jóvenes e inocentes enamorados, fue sin duda uno de los momentos más jocosos, poéticos e hilarante de la sesión. Se mostró aquí, a mi modo de ver, las mejores cualidades de Andrea, como son el dominio del tiempo y de la voz, bien punteados por una gestualidad concisa y comedida, que el titiritero aplicó a todos los personajes que iban saliendo en las distintas historias contadas por la Muerte y el Diablo. El retablo utilizado encajaba a la perfección con las historias y los personajes, y el uso de los pequeños títeres de varilla sobre mesa, bien colocados en una boca de escenario que se abría en el centro del retablo, fue un acierto que contrapunteaba a la perfección el ritmo de los títeres de guante arriba. Se notaban las horas de ensayo que sin duda Lorenzetti se ha tragado en esta obra.

Hay inspiración, humor fino, ritmo excelente, control de la voz, precisión en el gesto y la manipulación, limpia y medida ésta, y sobretodo un dominio del tiempo que para mi es lo más logrado del espectáculo, algo que los titiriteros solemos tardar mucho en conseguir y que Andrea parece tener por la mano de un modo orgánico y casi espontáneo. Sin duda hay cosas por limpiar en estas dos obras, que además deben considerarse primerizas, pero el fuste titiritil es obvio y sólido, y los resultados muy prometedores.

Se halla en estos momentos Andrea preparando unos textos de Valle-Inclán con el heterodoxo Pep Gómez, de larga experiencia titiritera y viejo compañero de fatigas de Pepe Otal. Una cita a la que no podremos faltar los que amamos la distorsión grotesca, pero también crítica, del Esperpento. Crítica, humor corrosivo y el aliento poético de la canalla: caminos para titiriteros inquietos y jocosas cachiporras. TONI RUMBAU

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